jueves, 26 de febrero de 2015

Historia de los bocadillos

Se asegura que fue el rey Alfonso X el Sabio quien dio origen a los llamados canapés o bocadillos ya que fue este el que dispuso que en los mesones castellanos no se sirviese vino si no era acompañado de algo de comida evitando que el vino subiese rápidamente a la cabeza. En aquellos tiempos los bocadillos o canapés consistían  en una loncha de jamón o en rodajas de chorizo o de otro embutido y, a veces, era sustituido por una cuña de queso. Al principio a estos se les conocía como “tapas” ya que cuenta la historia que un día el Rey Alfonso XIII estaba realizando una visita oficial a la provincia de Cádiz y al pasar por el Ventorrillo del Chato (venta que aún hoy existe) se paró para descansar un rato. El Rey pidió una copa de Jerez, pero en ese momento una corriente de aire entró en la Venta y, para que el vino no se llenara de arena de la playa el camarero tuvo la feliz idea de colocar una lonchita de jamón en el catavinos real.
El Rey preguntó por qué ponían esa loncha de jamón sobre la copa, y el camarero disculpándose le dijo que colocó así la “tapa” para evitar que el vino se estropease con la arena. Al Rey le gustó la idea, se comió la tapa, se bebió el vino y pidió que le sirvieran otro, pero con “otra tapa igual”. Al ver esto, todos los miembros de la Corte que le acompañaban pidieron lo mismo.
Un clásico de la cocina fría es la elaboración de bocadillos y canapés. Los canapés o bocadillos tradicionales, clásicos o contemporáneos tienen reglas que se deben de definir para ser utilizados como tentempiés para reuniones, cócteles o tan solo como un bocadillo que entretenga a los comensales.
Clásicamente la palabra canapé tiene su origen en un vocablo francés, que significa algo parecido al de una cama o sofá, por lo que se le denomina canapé a cualquier presentación de mini platillo que lleve una base, siendo en este sentido típico el pan, mismo que puede ser blanco, centeno, negro, integral, multigrano  o cualquiera que se prefiera aunque a veces también se pueden tener bases de masas preparadas como el hojaldre, la masa quebrada, la pasta phyllo, la masa para tartaleta y la pasta choux entre otros.
Las tendencias que actualmente se están dando, han propiciado que las bases de pan o pastas de masa sean sustituidas por frutas, verduras o hasta texturas gelatinosas o liquidas, pero siempre teniendo en consideración que la temperatura de los canapés debe de ser al tiempo o fríos. Como regla general la porción de un canapé no debe ser mayor  a la de un bocado, esto es, que no tome más de una mordida su degustación.
Lo que es importante en todo caso es que estos platillos deben de estar en una presentación y en un tamaño seguido por reglas de protocolo y de servicio para su fácil degustación. Muchas veces se utilizan utensilios o algún tipo de loza para presentar dicho platillo para con ello resaltarlo, se recomienda que no sea muy basto y que no tome más de dos o tres bocados.

lunes, 23 de febrero de 2015

Comidas para acompañar la Champagne

Los espumantes son bebida delicadas y acompañarlos con comida no siempre resulta fácil. Sin embargo, hay algunas que nunca fallan. Desde las más simples a las más sofisticadas, son las siguientes.
1. Decile sí a los quesos. Sea con espumantes jóvenes, frutales e intensos o con vinos delicados y evolucionados, hay un rango de quesos que no fallan nunca. Son los blandos y semiduros, como patearás, Gouda y Gruyere, o los más cancheros brie, mozzarela de búfala y quesos cremas en general.  
2. Sí, a las frutas secas. De avellanas a almendras, de damascos turcos a higos, brevas y pistachos, todos combinan bien con los espumantes.   
3. Algunos fiambres, la rompen. Una buena lámina de jamón crudo, bresaola o lomito de cerdo, le viene como anillo al dedo a los espumantes. Si en cambio usás un jamón muy salado, por ejemplo, echás a perder todo el equilibrio. Un consejo: servilos con pan fresco o tostadas de pan nergro.
4. Los pescados de roca, el no va más. Un pescado de río, como el pacú o el dorado, pueden convertir a una comida con espumantes en una mala réplica de un tren fantasma. Ahora, con una corvina, un lenguado o unas trillas, tenés un viaje en primera clase. Nada de preparlos con salsas pesadas. 
5. El Sushi, un caso cerrado. Pocas comidas van tan bien con todo tipo de espumantes como el sushi. La ligera gratitud del salmón, el atún o el lenguado encuentran en la acidez de los espumantes un contrapunto preciso.
6. Pechugas varias. Es común escuchar que las aves van de maravillas con los espumantes. Pero cuidado: una pata de pavo o una codorniz grillada pueden ser una cuesta arriba al hora de comer. Para combinarlos mejor, recurrir a las pechugas. 
7. No a las carnes rojas, aunque hay excepciones de lujo. Una de ellas es el carpaccio. Si comés un carpaccio de lomo con alcaparras con un hilo de oliva, te vas a dar cuenta que hay reglas de oro que conviene romper. 
8. Ensaladas, siempre. Por ejemplo, rúcula y radicheta van de primera, también sus combinaciones con parmesano, portobelos, de paltas y tomates cherries. Todo, condimentado con oliva y unas gotas de aceto. 
9. Todo bien con postres helados, cremas y bombones. La verdad es que acá no hay nada que agregar, a menos que seas un recién llegado de un planeta extraño. ¿Quién dudaría de un buen helado de dulce de leche, o de una cheescake a la hora del espumante? En materia dulce, la cosa siempre es más amable.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Cómo elegir bocadillos para acompañar el vino tinto

El vino tinto es rico, profundo, con cuerpo y lleno de sabor. Puede ser seco o dulce y servirse con cualquier cosa desde unos sabrosos bocadillos hasta un postre. Con tantos vinos provenientes de todas partes del mundo, elegir la botella correcta de vino carmesí para acompañar tus bocadillos puede parecer un poco abrumador.

Instrucciones

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Sigue la regla básica de combinación del vino. La regla más comúnmente conocida para combinar los vinos blancos y tintos con la comida es mezclar los rojos con las comidas oscuras y las carnes rojas, como el bistec y el cerdo, y los blancos con las comidas y las carnes claras, como el pollo, el pavo y el pescado. Recordar la regla de lo claro y lo oscuro no es sólo para la lavandería; también puede hacer el proceso de elección de un vino y un bocadillo acompañante mucho más fácil.
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Prepara alguna pasta. El vino tinto tiende a combinar mejor con las pastas cocidas que el vino blanco, especialmente las pastas rellenas como los sorrentinos y los ravioles. Realiza unos ravioles caseros y rellénalos con quesos o carne o ahorra algo de tiempo comprando ravioles preparados en el almacén y friéndolos para darles un sabor y una textura inesperados que combinarán perfectamente con un enérgico vino tinto.
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Hornea algo de pan. Los bocadillos hechos con pan son geniales para limpiar el paladar de la riqueza de un vino tinto y prepararlo para el plato principal. Una bandeja con rodajas de baguette y aceite de oliva es una idea simple que puede estar lista en minutos. Si tienes un poco más de tiempo, coloca tomate picado y albahaca sobre las rodajas de pan para realizar unas brusquetas cuyo sabor complementará las ricas tonalidades de un vino tinto.
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Usa vegetales de color oscuro. Estos tienden a tener sabores y texturas más ricos y salvajes que se complementan con los taninos del vino tinto. Los vegetales como el tomate tienen una acidez que se verá balanceada por el contraste con un vino añejo, mientras que los sabores salvajes de la berenjena o la espinaca se combinan bien con un syrah sabroso.
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Prueba las fresas. Muchos vinos tintos tienen notas y tonos de fresa o cereza que hacen que las frutas de color oscuro combinen perfectamente con la mayoría de los vinos tintos. Fresas, arándanos, cerezas y frambuesas maduras van bien con los vinos tintos. Su dulzura contrasta bien con el sabor y la sequedad de algunos vinos tintos y sus sabores frescos aunque complejos combinan casi con cualquier tipo de vino tinto. Un recipiente sencillo con fresas y frutas rojas será un gran bocadillo para acompañar un vino tinto.